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Xalapa, MX
22 octubre, 2020
Cultura,Arte y Turismo

Aprendiz de montañista en México.

Por el Dr. Mario Caba

Xalapa, Ver., Febrero, 2019.

Subir montañas fue parte de un proceso que comenzó haciendo senderismo. Caminar horas bajo el sol intenso, bajo la lluvia o con neblina y en cualquier momento el clima puede cambiar. Impermeable y sombrero son indispensables, además de comida y agua. En Xalapa hay varios grupos que practican senderismo y hay compañeros que tienen mucha experiencia y conocen rutas, sin embargo estas no están claramente indicadas. Por ello constantemente hay desvíos de la ruta principal, una oportunidad irresistible para “explorar”. Durante unos dos años salí en varias ocasiones a hacer senderismo.

Uno de los lugares preferidos siempre ha sido nuestra montaña más cercana, el Cofre de Perote ó Naucampatepetl, “montaña cuadrada” en Náhuatl, porque en su cumbre hay un macizo rocoso que tiene forma de un inmenso cofre cuadrado. Con sus 4,200 m este volcán extinto ofrece muchas posibilidades de ascenso, inclusive tiene tres lagunas arriba de los 3,000 m y grandes cañadas. La ruta más común de ascenso es por el “espinazo del diablo”, un estrecho camino escalonado, resbaladizo, no apto para personas con vértigo. Las cumbres de las montañas han sido desde la época prehispánica lugares especiales, lugares de culto inclusive sagrados. Nuestros ancestros reconocieron su importancia como proveedores de agua, de vida y las copiaron en las multiples pirámides que se encuentran a lo largo de Mesoamérica. Desafortunadamente la cumbre del Cofre está coronada por una enorme antena de una televisora. Después de varios ascensos al Cofre y a La Malinche, un volcán con 4,400 m, a pocas horas de Xalapa comencé a observar con más interés a las montañas más altas que nos rodean ¿Podré subir a ellas? Eso lo hubieras hecho hace tiempo me dije, no a los 58 años. ¿Y que tal intentar el Nevado de Toluca? solo tiene 200 metros mas que La Malinche.

Contacté a una compañía privada y viajé a la ciudad de México. Me uní a un grupo de 15 personas y después de un pequeño ascenso llegamos al cráter. Desde ahí se observa un paisaje extraño, como de cuento. Diversos picos en la cresta del volcán y dos lagunas, la del sol y de la luna, separadas por un cerro. De ahí se baja, hay que rodear las lagunas y luego hay una larga pendiente para llegar a la cumbre, el pico del fraile. Las lagunas fueron sagradas en la época prehispánica y en general esta montaña es un sitio arqueológico. Poco después me uní a un grupo para ir al glaciar de Jamapa en el Pico de Orizaba ó Citlaltepet, cerro de la estrella en Náhuatl es la montaña más alta de México.

Hay un refugio en la cara norte, llamado Piedra Grande a 4,200 m, la altura del Cofre, y para acercarse a el ya es una aventura. Es conveniente rentar un vehículo 4X4 en Tlachichuca donde hay varias compañías que se dedican a llevar personas a esta montaña. El camino es de terracería, con porciones en mal estado y muchos llegan en motocicleta con grandes bocinas, toda una falta de respeto para la montaña. Salimos como a las tres am de Piedra Grande con piolet y crampones, la idea era subir hasta donde se pudiera, muy agradable el ascenso cada vez con más nieve. Cuando salió el sol, como a las 7 am de repente la montaña a un lado de nosotros conocida como el sarcófago, pico de oro o de fuego se “incendió” de un intenso color rojo, en realidad parecía fuego queriendo fundir la nieve a su alrededor. Poco después llegamos al inicio del glaciar de Jamapa. El ultimo glaciar que le queda a este volcán. No podía creerlo, estaba en el glaciar que se ve claramente desde Xalapa, un manto blanco que cubre la parte superior del cono volcánico y que parece estar detenido por el pico de oro.

Nos pusimos los crampones y caminamos divertidos en el glaciar, jamás había estado en uno. Fácil caminar por las partes que tenía nieve, pero en otras no y el hielo, le llaman negro, es muy duro, prácticamente no le entran los crampones. Ascendí un poco y me propuse algún día llegar a la cima. Pocos meses después lo logré en dos ocasiones por la cara sur. En este lado no hay glaciar pero constantemente hay nieve. Subir los últimos trescientos metros es agotador. Hay muy poco oxígeno y constantemente hay que descansar. Por momentos parece que no hay más fuerzas, pero después de descansar se renueva la motivación hasta que logré la cumbre. La montaña ha vencido los intentos de que le pongan una gran cruz en su cima. Yacen tiradas grandes estructuras metálicas con grafitis y recuerdos. El cráter inmenso, muy peligroso acercarse.

Ha habido múltiples accidentes fatales, por mal tiempo, imprudencia o no llevar equipo adecuado. Después de alcanzar estas cumbres decidí tomar dos cursos de alta montaña en la ciudad de México en un club que tiene gran experiencia en ello. Fueron 10 fines de semana a cerros cerca de la ciudad de México, Ajusco, San Miguel, Cerro prieto en el Nevado de Toluca y cerro de la Joya parte del complejo del Iztaccihuatl. El primer curso fue un Taller de Alta Montaña y los ascensos fueron desde los 3,700-4,300 m. Fue un excelente acondicionamiento. Enseguida comencé el curso de Alta Montaña. Cinco salidas a montañas cada vez más altas. La primera fue el Ajusco a 3,900 m y la ultima al Citlaltepet, el imponente Pico de Orizaba por el reto mas fuerte, la cara norte. En estos cursos aprendí mucho, manejo y orientación con brújula, como usar los bastones para caminar, qué llevar y cómo organizar una mochila para ascender a una montaña.

Una de las salidas fue al Nevado de Toluca. No se pudo hacer cumbre ya que nos tocó un día con mucho viento y lluvia. Terminé completamente empapado. Otro ascenso fue al Iztaccihuatl, la mujer dormida, enfrente de la ciudad de México; tiene aspecto de una mujer acostada cubierta con una sabana blanca, cuando tiene nieve. Ascendimos dos veces. El vehículo llega hasta La Joya y de ahí se inicia el ascenso con una mochila con comida y agua para dos días, incluyendo casa de campaña. El camino es largo y muy demandante, sobre todo por el peso de la mochila. Después de mas de medio día se llega al área de refugios. Son pequeños y generalmente están llenos, por ello es que se debe llevar tienda de campaña. Esta te protege un poco del viento y del frío, sin embargo casi no pude dormir. Comenzamos a caminar poco después de las 3 am, por un camino rocoso y amaneciendo llegamos al glaciar de Ayoloco.

Está despareciendo, el hielo es quebradizo y muy delgado. El glaciar se ha transformado en una laguna, un poco mas abajo. Dos veces subimos a Ayoloco. Esta segunda vez fue imposible dormir, había un viento muy fuerte con ventisca de hielo. A un lado de este glaciar es ideal para realizar prácticas de autodetención con el piolet, esto es, qué hacer cuando te resbalas. En ese caso hay que ensartar el piolet en la nieve para evitar una caída que puede ser fatal. A lo largo de las salidas los guías fueron observando las capacidades de cada uno y decidieron quienes iban a subir la ultima montaña, el Citlaltepet por la cara norte. Fui uno de los seleccionados. Al fin iba a cumplir el reto más grande, la cara norte del Citlaltepet.

El ascenso por el glaciar fue extenuante. Me pareció interminable y es realmente peligroso, cada vez está más empinado y hay que tener mucho cuidado donde se pisa para que se entierre el crampón en la nieve. El piolet es esencial para apoyarse. Es conveniente ir acompañado por un guía experimentado ya que por momentos dan ganas de no continuar ascendiendo, puede uno marearse, te puede dar un fuerte dolor de cabeza por mal de montaña, puedes perder el equilibrio. Es el ascenso mas difícil que he realizado, pero lo logré. Un año después alcancé una cumbre pendiente, el “pecho” izquierdo del Iztaccihúatl.

Primero se llega a la antecumbre, y la mayoría ya no continúa, sin embargo de ahí se tiene que atravezar el glaciar del pecho y se llega a la cumbre a 5,200 m. Haciendo un recuento, mi primera cumbre, de tres ya, en el Nevado de Toluca, fue a los 58 años. A los 59 dos cumbres al Citlaltepetl por la cara sur. A los 60 dos ascensos a Ayoloco y cumbre por la cara norte del Pico de Orizaba y a los 61 cumbre en el Iztaccihuatl. Cada ascenso es un nueva aventura llena de sorpresas.

Una de ellas fue en la cumbre de La Malinche. Extendí mis brazos con el sol a mis espaldas y de repente vino una espesa neblina enfrente de mí. Moví mis brazos y vi como un inmenso arcoíris se movía a mi voluntad cubriendo muchos kilómetros. Efecto de Brocken, la luz de Buda. Es difícil no enamorarse de las montañas. Escalarlas merece mucho respeto, preparación, estar alertas. Están llenas de misterio, de sorpresas, de soledad. Pero son muy exigentes, para darte sus maravillas requieren que te esfuerces, exigen reverencia.

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