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15 diciembre, 2019
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Mujeres migrantes, las guerreras del camino

Por Mariángel Calderón Calderón

México, 8 Dic (Notimex).- Janette viene de El Salvador, tiene 23 años de edad y ha caminado en compañía de su marido y otras personas, en algunos tramos en los que no les dan jalón ella arrastra una carreola con un pequeño niño de ojos grandes que mira desconcertado la velocidad de los automóviles que pasan por la carretera.

“Es complicado con los niños, nos vamos despacio, con ayuda de Dios ahí vamos, vamos a seguir”, explicó a Notimex mientras caminaba por la carretera con la frente perlada de sudor, con la carreola llena de pañales, algo de ropa y botellas de agua que les habían dado en el camino.

Xiomara, que estaba en el albergue del DIF de Irapuato, tiene tres hijos, una de 13 años, una de 8 años y uno más de 6, sólo se trajo a la de 8, “estoy pensando en mis hijos que deje en Honduras, solo me traje a una, la más valentona” dijo con una media sonrisa, no quiere hablar a su país para preguntar por sus hijos a su mamá, no quiere preocuparla.

En entrevista indicó que ella viaja sola con su hija de ocho años y que viene cubierta por la sangre de Cristo, cree que por eso vienen con bien, que por eso no se le han ampollado los pies, “vamos al sur a trabajar, en Honduras no nos alcanza el dinero, hay mucha violencia”.

En su país vendía comida afuera de una fábrica, pero pasaban los mareros a cobrarles el impuesto y así ya no se podía vivir, dijo, “me amenazaban mucho, por eso me arriesgué a venirme, me dolió mucho dejar a mis hijos, porque una de madre los hijos son lo más favorable que tiene” .

Su ciclo menstrual se le ha movido en este éxodo, y este mes le tocó en la Ciudad de México, solo le duró tres días, “ a mi me fue bien, nos han dado en algunos lados toallas pero hay otras que no se la están pasando bien, muchas vienen manchadas, la gente les va dando toallas en algunos lugares, pero en otros no hay”.

Ella es madre soltera, tiene 29 años pero parece mayor, tiene el rostro zurcado de pequeñas arrugas que se resaltan más por la exposición al sol de la travesía, ella se debe a sus hijos, explicó al señalar que al papá de los niños se lo mataron los mareros.

Explicó que ella no ha sufrido acoso aunque sí ha visto que algunos hombres se les quedan mirando mucho a las mujeres “yo no doy pie a nada, yo vengo a lo que vengo, uno tiene que darse a respetar”; sin embargo, la mayor parte de ellos respetan a las mujeres e incluso las ayudan a subir a los jalones, al principio no era así, abundó.

“De mi corazón estoy un poquito herida por mis hijos que dejé, sé que este propósito Dios quiera que se haga realidad porque en mi país está muy duro para trabajar, he luchado duramente para mis hijos, el propósito que hoy vengo haciendo no es muy fácil para uno de mujer es muy arriesgado, este es un camino de locos, de gente que no es normal pero uno lo hace por sacar adelante a nuestros hijos “.

Keyla salía de las regaderas en el Albergue del auditorio Benito Juarez en  Zapopan Jalisco, nació en Honduras, tiene las pestañas muy largas y chinas, viene con un pequeño short y los cabellos güeros y muy alborotados, tiene 21 años y viaja sola con su hermana de 18, ambas son madres solteras, dejaron a sus hijos con su mamá en busca de mejores oportunidades de vida, “no hemos sufrido acoso, vine porque no hay trabajo en mi país, cuando tenga dinero ahorrado me traigo a mi niña que tiene tres años”.

La vida en los albergues a los que ha asistido es complicada porque no hay tanta privacidad, todas se meten a bañar en pelotas, sin importarles si las ven o no, explicó al mencionar que ella todavía siente pena y para bañarse se mete cubetas a los baños y se asea muy rápido, a muchas mujeres ya les importa poco el pudor, dijo.

En Córdova, Veracruz, llegó al caminar hasta 23 kilómetros, para eso se tardo como unas seis horas bajo el rayo del sol, “a veces las mujeres van caminando y hay hombres que consiguen jalón y por eso a veces las mujeres se molestan porque ellos vienen en jalón y nosotras no”.

No me gusta llamar a mi casa porque me pasan a mi niña y me dan ganas de llorar, dijo; además, señala que muchos hombres de la caravana le han prometido cruzarla a Estados Unidos, pero no les cree, ella, al igual que muchas madres viene a buscar suerte al vecino país del norte y no piensa distraerse en amores.

Blanca Aguilera es salvadoreña, es madre soltera y viene con tres hijos propios y una entenada porque la mamá de la niña llevó a otro de sus hijos al hospital porque venía malito del pecho, se hicieron amigas en el camino porque la otra mujer tiene marido así que se les unió para sentir mayor protección.

“Vengo muy cansada, hemos caminado mucho pero Dios me da fuerzas para seguir en el canino, el sueño es llegar a Estados Unidos con esfuerzos pero vamos a llegar”.

Para evitar acosos ella no da ninguna oportunidad de que nadie se les acerque ni a ella ni a sus hijas; para enfrentar su menstruación, que este mes le vino dos veces por tanto movimiento, hay muchas dificultades para cambiarse, aunado a que en muchos lugares es imposible bañarse porque no hay agua, muchas de sus amigas manifiestan mucho dolor ante los cólicos y tener que caminar muchas horas pero se aguantan, como siempre, como todas las mujeres, señaló con orgullo en el rostro visiblemente cansado.

Ella dejó su país porque no hay trabajo, por la delincuencia y porque hace ocho años le quemaron su casa, desde ahí se tuvo que poner a alquilar pero la echaron porque no tenía para pagar la renta, así que anduvo buscando asilo por todas partes, de una casa en otra, pero ya la situación era muy complicada y estaba harta, por lo que vino en este éxodo masivo para que sus hijos tengan un mejor futuro.

Ha tenido mala suerte para los jalones (aventones), porque los hombres se suben primero a los carros y no las dejan subir, además tienen miedo de que les golpeen a los niños “uno no se puede subir porque hay niños, mejor nos quedamos atrás, uno se queda botado, me ha tocado caminar mucho”.

Nuria Estrada también es hondureña, tiene 34 años y es madre soltera de cuatro hijos, dos de ellos ya son mayores y los otros son más pequeños, ella quiso venir en la caravana para que sus hijos estudien y tengan una vida mejor  “en mi país hay demasiado graduado pero nadie tiene trabajo”.

Viaja sola con sus hijos, el papá de mis hijos no figura en el mapa, dice al explicar que es muy difícil para las mujeres como madres, “porque vemos a nuestros hijos que vienen cansados, quejándose, con los pequeños es más complicado porque se pueden enfermar y luego les vuelve a dar hambre, no es nada fácil pero todo sacrificio tiene su recompensa”.

Añadió que sus dos hijos que son más grandecitos le ayudan a cargar con el escaso pero pesado equipaje para tantos kilómetros en tanto ella carga por turnos a los dos más pequeños, quienes lloran constantemente porque ambos quieren que los carguen o luego les da sueño.

Al principio de la caravana pasaba que los hombres dejaban atrás a las mujeres con los niños pero luego empezaron a ayudarlas porque les explicaron que la fuerza de las mujeres eran los hombres entonces ahora si las ayudan más.

Durante toda la caravana le han dado pocos jalones y las jornadas de caminata comienzan desde antes de las cuatro de la madrugada, “Hay veces que caminamos todo el día y cuando ya nos sentamos que sentimos que el mundo se nos viene encima y ya no podemos más”.

En su país vendía pan pero luego en los camiones la asaltaban y le quitaban todo el dinero de sus ventas del día, además los hijos en la escuela le pedían todos los días para el Internet y las tareas y ya no nos alcanzaba para nada.

“Esa es la fe, llegar a Estados Unidos, yo confío en Dios y tengo la confianza en que si vamos a lograrlo, porque Trump podrá decir lo que diga pero para Dios no hay imposibles, para Dios no hay fronteras, el mueve montañas, es tener coraje, voluntad y fe”.

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