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15 diciembre, 2019
Columnas

POR UN CAMBIO POSITIVO Y VERDADERO.

Por Rafael Arias Hernández.

El intento gubernamental nacional ha comenzado, mucho por hacer y más en estados y municipios, así como en órganos autónomos y los llamados poderes independientes. Imposible negar evidencias y consecuencias;  deben cambiar formas y actitudes, medios y procedimientos.

Nada de cambiar por cambiar o para aparentar y simular. Urgente persistir en bueno y mejor, no en malo y peor. Hay que gobernar al gobierno, en todos sus ámbitos y formas.

Nadie está obligado a sostener y padecer un mal o peor gobierno.

Revocar  mandato, despedir tanto ineptos y corruptos, como inútiles y  parásitos; y en su caso, denunciar y sancionar  ineficientes y delincuentes.

Por lo pronto,  es oportuno recordar  que,  sin miedo a los cambios, hay que hacer todo el esfuerzo posible y pertinente, por transformar para bien,  condiciones y situación presente y futura. Sobre todo cuando  hartazgo e  inconformidad crecientes, comprueban que cambiar es  necesario o ineludible. Inaceptable seguir sacrificando, generación tras generación,  más seres humanos.

Hoy por hoy, sobresale  que  para México, exportar pobres, es lo que más ingresos produce.  No solo no se les brinda oportunidad, obligándoles a irse; sino que, responsables y solidarios, han llegado ya, a enviar solo en remesas, poco más de 36 mil millones de dólares al año. El programa más importante de apoyo a los pobres,  es de los pobres.

Ante esto y más, urgen  resultados favorables  e  innegables. Y por tanto insistir e insistir: No más apariencia, engaño  y simulación. No más ineptos y corruptos, ineficientes y delincuentes en los gobiernos.

Imprescindible que todo servidores público cumpla bien y puntualmente,  con sus responsabilidades, empezando con la ineludible obligación de informar y también, de atender el derecho a saber. Transparencia y acceso a la información son fundamentales, incluso para identificar y comprobar lo bueno, los pocos o muchos logros y avances.

Hechos no dichos, reales no imaginarios. Evaluar a todos, objetiva y puntualmente. Identificar aciertos y errores, pendientes y avances.

Mentir, distraer y fingir forman parte de la desinformación. Engañar, posponer y no informar, también es irresponsabilidad y hasta conducta delictiva. Ineludiblemente,  todo  gobernante, funcionario y empleado, debe informar y no hacerse el occiso, y esperar a que le pregunten.

Importante tener presente, que una fuente determinante del origen del cambio que se vive e intenta,  es simple y claramente, identificable a partir del reconocimiento y aceptación, de que es expresión y decisión ciudadana y social. Así se dice  y sostiene,  desde los resultados del proceso electoral del 2018.

Principio democrático, decisión que deben acatar y hacer realidad quienes gobiernan y sus equipos. Todos sin excepción: representantes electos, funcionarios incorporados y servidores públicos contratados, están obligados a orientar recursos y esfuerzos a consolidar y hacer realidad lo decidido. Cambiar es voluntad ciudadana y social, no individual y personal de quienes gobiernan. Mucho menos ocurrencia, o absurda improvisación.

Por otro lado, hay que advertir y señalar, que no se quiere ni acepta cualquier cambio; como solo incorporar otras personas, enlistar otros nombres, colores, formas, ideas y procedimientos

Lo que se quiere, exige y busca,  son resultados positivos; esto es, que verdaderamente sirvan para atender, bien y a tiempo, las crecientes necesidades básicas individuales y sociales; y también, se requieren y esperan  transformaciones que faciliten y permitan resolver, viejos y nuevos,  conflictos y problemas,  que se padecen y enfrentan.

Y finalmente, otro aspecto que debe considerarse es el institucional y normativo. Esto es, la decisión de cambiar para mejorar,  que es ciudadana y social, también debe ser formal y legalmente sustentada,  convertida en norma y acción, actividad  y programa, sujetos  a seguimiento y control, evaluación y retroalimentación, para no solo asegurar uso adecuado de recursos públicos  y atribuciones institucionales; sino también, desde luego, para obtener y disponer de buenos resultados, comprobables y evaluables.

En fin, obligado  insistir y resaltar,  que el cambio en cuestión debe ser consensado y con respaldo social; de resultados positivos; institucional y legal, y  no debe tomarse como  una decisión personal o discrecional de quienes gobiernan. Se trata de una obligación, para todo servidor público,   que acarrea o exige  responsabilidades y capacidades,  acciones y previsiones.

Información  real y oportuna; disposición responsable y capaz; esfuerzo pertinente y efectivo. Buenos resultados comprobables.

Sobre este complejo e interminable tema, Xavier Guix  sostiene  que: “Lo único que no cambia es el cambio.  La vida es movimiento; de lo contrario, estaríamos muertos. Sin embargo, nos cuesta afrontar novedades, salir del confort. Hasta que llega el caos en forma de crisis existenciales…No estamos entrenados para vivir en la incertidumbre. Tampoco es deseable una vida en la que solo exista caos…” (El país semanal. 190910)

BUENO Y MEJOR

Además de saber que a lo malo le sigue lo peor; y que más rollo no significa desarrollo.

Ante todo gobierno, debe  tenerse presente, que  lo mejor es enemigo de lo bueno, o cuando menos su siguiente etapa.

En el contexto de evolución y  superación no hay tregua, ni descanso, ni facilidad. Pero además, el esfuerzo no termina con pasar de malo a regular, a bueno y a mejor. En todo caso, preciso es ser  mejor, ni más ni menos.

Para evitar mediocridad, ineficiencia e incompetencia; no aceptar ni disculpar culpabilidad, complacencia  y complicidad.

Siempre  hay que intentar  hacer las cosas bien, sobre todo los asuntos públicos y de gobierno; pasar de malo a bueno no es fácil, requiere de disciplina, aprendizaje y dedicación.

El esfuerzo no debe detenerse, ni dar lugar a  justificación y resignación, pretextos  e irresponsabilidades.

No  conviene  conformase con ser bueno y no  intentar ser mejor; esto, desde luego, no es fácil ni rápido, exige de esfuerzo adicional, de perseverar  y aprender más, evaluarse constantemente y estar atento a cambios en condiciones y oportunidades, reconocer  nuevas  situaciones y sus perspectivas, viabilidades y costos.

Vital hacer  buen uso puntual, de los recursos públicos. Ejercerlos, no perderlos, ni esconderlos, subejercerlos  o sustraerlos.

En cuestiones de gobierno y de responsabilidad pública, imprescindible pasar del dicho al hecho, del compromiso al resultado. En verdad, cambiar para mejorar.

-Académico-IIESESUV  Twitter:@RafaelAriasH, Facebook:

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