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23 octubre, 2020
Columnas

Radio y Televisión de Veracruz y Chiapas. -tercera parte-

Piedra Imán

Manuel Zepeda Ramos

1978. Mes de octubre. Puebla de Los Ángeles. La Reunión Nacional de ANUIES sugiere darle a la Ciencia la misma importancia que a las Artes y a las Letras dentro de la Tercera Función Sustantiva Universitaria: La Difusión de la Cultura.
En términos prácticos, nacía la Comunicación de la Ciencia en las Instituciones de Educación Superior de México. Coincide con el arribo a la Subsecretaria de Educación Superior de un grupo de jóvenes científicos de las Ciencias Exactas formados en la Torre de Ciencias de la UNAM que impulsaban fuertemente esta idea: el doctor Edmundo de Alba, el doctor Luis Estrada, la doctora Alejandra Jáidar, entre otros científicos.
De inmediato, nos dimos a la tarea de organizar en el seno de la Universidad Veracruzana, en Xalapa, un coloquio en torno a El Sentido de la Difusión Cultural en las Universidades con la participación de científicos nacionales de vanguardia. En esa reunión, la UV refrendaba su fuerte compromiso con la difusión del conocimiento e iniciaba un proyecto que entregaría a la SEP para utilizar a la radio como fuerte instrumento para ello. El resultado: la Subsecretaria de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP aprobó el proyecto para renovar totalmente a la radio universitaria en transmisión, cabina y estudio de producción -10 mil watts de potencia, con posibilidad de crecer hasta 20 mil, en frecuencia de AM-, que habría de privilegiar la comunicación de la Ciencia: estaba naciendo en Xalapa un nuevo concepto de hacer radio en las estaciones permisionarias, que más tarde se convertiría en la punta de lanza en el país para poner el conocimiento al servicio de las mayorías.
El primer paso era diseñar una estación de radio de muchas horas diarias de transmisión, que pudiera competir en el espacio aéreo contra un auténtico mar electrónico de estaciones comerciales. Decidimos que habríamos de transmitir 20 horas diarias, de las cinco de la mañana a la una de la mañana del día siguiente.
El segundo paso sería consolidar la escritura radiofónica.
Una radio que se precie de serla, debe escribir todos sus contenidos y no dejar solo a la imaginación de quien esté en cabina el intento de hacerlo. Aquí surgió el primer problema serio en torno al contenido: la gran demanda de escritura en torno al conocimiento que exigía una estación de tantas horas de transmisión. Hacia falta un equipo de escritura para ello. Decidimos convocar a jóvenes recién egresados de las carreras de Comunicación y de Letras de la Universidad Veracruzana, con mayores conocimientos en el uso del idioma. Les llamamos intermediarios del conocimiento.
El resultado fue altamente positivo.
Creamos un mecanismo de consulta a los científicos de nuestra Casa y a los del INIREB que acababan de llegar a Xalapa. Los intermediarios iban hasta ellos, los entrevistaban y le pedían documentos de su proyecto de investigación. Regresaban a sus cubículos para trabajar con la información recopilada. Volvían con el científico para enseñarle su trabajo para que hiciera las correcciones necesarias. Ya aprobado por el autor del proyecto de investigación, el documento estaba listo para convertirse en programa de radio, en audiovisual -todavía no teníamos la TV universitaria-, en historieta y en artículo para la revista Extensión, nuestra publicación para difusión de la ciencia.
Cuando tuvimos el primer encuentro con radiodifusoras universitarias en la UNAM, la presencia de la UV fue muy satisfactoria. Llegamos con 30 programas producidos que fueron analizados por los presentes con mucho interés.
Pudimos aportar un método para descodificar el conocimiento, buscando una mayor penetración al gran público radioescucha. Algunos científicos de nuestra Casa decidieron trabajar ellos mismos sus proyectos de investigación para el público mayoritario de la radio, con lo que ganábamos a un nuevo divulgador del conocimiento.
A casi cuarenta años de distancia, el modelo desarrollado sigue en plena vigencia, ahora con la posibilidad de que las redes sociales puedan ser también los vehículos para divulgarlos en busca de mayores audiencias.
En el caso de los sistemas de Radio y Televisión de Chiapas y Veracruz, en donde existen universidades con carreras de Letras y Comunicación, pueden poner en práctica el método cuanto antes.
Chiapas y Veracruz son pueblos de gran imaginación.
Hacen falta nuevos divulgadores que refuercen y/o reemplacen a Ruy Perez Tamayo, o a René Drucker Colín o a José Gordon.
El país entero habrá de agradecerlo.

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