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21 febrero, 2020
Columnas

Veracruz violento

CAMALEÓN

Veracruz violento

Por Alfredo Bielma Villanueva

El tema de los aranceles, la curva de aprendizaje que en el gobierno de Cuitláhuac no se alcanza a rebasar, el reiterado reclamo ciudadano por aclarar las acusaciones de nepotismo, por increíble que parezca están relegando del ojo público el grave problema de inseguridad que padecemos en Veracruz. Pareciera que ya nos habituamos a convivir con la violencia y ese diario trajinar ha vuelto cada vez más insensible a la sociedad veracruzana. Si así fuera, significaría que hemos perdido capacidad de asombro y con ello tenemos que resignarnos a convivir con la violencia porque los gobiernos han fallado.

No es fácil la vida de los veracruzanos en estos tiempos, después de cargar con la corrupción y la simulación de tres gobiernos que ocuparon 14 años de su ya penosa existencia. De suyo, esa experiencia es lamentable, pero más aún si se agrega el de un nuevo gobierno cuyo paradigma es el cambio, subido a un atril desde el cual echa la culpa al pasado como procedimiento para explicar su inoperancia. Eso es lo que no calcula Cuitláhuac García en su diferendo con el Fiscal general, pues, si bien a la población le importa una Fiscalía eficiente, que responda con resultados positivos, el responsable del gobierno es Cuitláhuac García, y nadie más, pues fue electo para resolver problemas sociales, no para descargar culpas en vías de justificarse. El reto no es menor, pero cuenta con el apoyo presidencial, si eso no es suficiente entonces o falla el presidente, falla el gobernador, o ambos a la vez.

Es la inseguridad pública uno de los expedientes de subrayada importancia en el gobierno de Cuitláhuac, obviamente la lucha anticorrupción se empareja en importancia, en ambos casos aparece, como es lógico de suponer, la Fiscalía General, lo idóneo sería que ambas instancias, gobernador y el Fiscal General caminaran de común acuerdo, pero desde el comienzo esa relación fue pugnaz, y en su soberbia, desde el gobierno supusieron que se desharían con facilidad de Jorge Winckler, como lo hizo su antecesor con quien estaba en ese cargo, pero fue manifiesta la incompetencia operativa para esos efectos.

Y el Fiscal sigue allí, utilizando como defensa propia el ataque. No es fortuita su declaración sobre una investigación en curso en los casos de adquisición de medicamentos y patrullas, y de la presunta asignación sin licitación de contratos del Festival de la Salsa. Esto abre otro capítulo más en la narrativa del desencuentro entre el gobierno del estado y el titular de la Fiscalía, un diferendo en el que resulta perjudicado el pueblo, pues ni encuentra justicia ni recibe los beneficios que todo gobierno está obligado a tributarle.

En un escenario que se nos comparte, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, elabora una lógica muy simplista y reduccionista al suponer que ser honesto es suficiente para un político, y que lo demás viene por consecuencia. Acaso en nuestro medio ese silogismo encierra fuerte dosis de verdad, si nos atenemos al caudal de corrupción emanado de nuestros políticos, ya del PRI, del PAN, del PRD, de MC, del PT. De Morena poco podemos argumentar porque no había gobernado, aunque ahora que lo hace no da señales halagüeñas. Sin embargo, está comprobado que para gobernar se requiere de mucho más que ser honesto, tiene que ver con la capacidad para hacerlo, y hasta ahora, en nuestra entidad, ni Hipólito de Xalapa, ni el alcalde de Coatzacoalcos, tampoco el de Minatitlán demuestran capacidad de gestión pública. Pero más preocupante es el caso de Cuitláhuac García, el gobernador de Veracruz cuya curva de aprendizaje parece no concluir, y es preocupante porque, mientras Veracruz se desangra, solo escuchamos la cantaleta de que es honesto. Sí, pero eso no basta. Y tal parece que AMLO está consciente de eso porque insiste: “Lo que sí me consta, y lo puedo decir a voz en cuello, es que Cuitláhuac es un gobernador honesto, trabajador y de buenos sentimientos, pero subrayo, es un gobernador honesto. Cuitláhuac no es corrupto y eso es una bendición, el que la autoridad no sea corrupta”. Habrá que reconocerlo, nunca sugiere capacidad para llevar a buen puerto a Veracruz.

Pero son tiempos de reacomodo, a López Obrador, terco como es, se le opone una realidad aún más terca, a prueba de discursos y buenos deseos. Durante su campaña de proselitismo político el ahora presidente López Obrador manifestaba que terminando con la corrupción era posible ahorrar 500 mil millones de pesos, sus gambusinos de Hacienda están en la tarea de conseguirlos, por eso los recortes inmoderados e inclementes, no importa si la inseguridad aumenta, tampoco que haya enfermos con falta de adecuado tratamiento médico. Pero hasta ahora esa cantidad sigue invisible, AMLO no la ve por ningún lado, mientras, en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, está en curso un dramático oficio: “Por este conducto, me permito informar a ustedes que los estudios de tomografía contrastados no se llevarán a cabo a partir de esta fecha, ya que por falta de jeringas no es posible realizarlos. Solamente se podrán realizar estudios de tomografía simple”. Sin embargo, según la información que posee el presidente, la economía está fuerte, me canso ganso.

Y la realidad dice a AMLO que, sin los neoliberales, “reaccionarios”, “conservadores”, “fifís” no podrá salir adelante, por eso se reunió con empresarios afiliados a la COPARMEX, pues la economía mexicana requiere incentivos de inversión para poder crecer y es condición sine qua non que empresarios y gobierno caminen al parejo, ellos para invertir con seguridad y el gobierno alejado del pendenciero discurso que ha venido manejando. Los empresarios dejaron bien claro su planteamiento: “es necesario contar con un ambiente propicio con: reglas y mensajes claros y propositivos del sector público y privado; Estado de derecho fuerte y eficaz; estabilidad macroeconómica; y un compromiso para resolver, con estricto apego al marco jurídico, los obstáculos de ejecución que con frecuencia impiden la realización de proyectos de inversión”. Más claro, ni el agua. Y al final, todo se reduce a la magia del adagio: “el hombre propone y Dios dispone”. alfredobielmav@hotmail.com

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